La permanencia estudiantil es uno de los mayores desafíos en la educación superior.
Las universidades suelen reaccionar cuando el estudiante ya abandonó, sin aprovechar los datos que podrían haber anticipado el riesgo.
Nos enfrentamos a altas tasas de deserción por falta de intervención a tiempo, falta de visibilidad de los factores de riesgo y procesos reactivos en vez de predictivos.
El éxito estudiantil comienza con la capacidad de detectar señales tempranas y actuar antes de que sea demasiado tarde.
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